<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7973613379999870148</id><updated>2011-04-21T16:41:26.611-07:00</updated><title type='text'>TEXTOS DE MANOTAZO DE AHOGADO</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>RAEL (Mario De los Santos)</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_eQ6XFDfSynY/S0ydhX90IoI/AAAAAAAAAyc/DOucbjOoSMM/S220/yo-dibu.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7973613379999870148.post-3512284592959428857</id><published>2008-10-09T11:14:00.000-07:00</published><updated>2008-10-09T13:02:10.744-07:00</updated><title type='text'>LA CHANCHA Y LA MÁQUINA DE HACER CHORIZOS</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;1. ¡Esa «teoría»™ es mía!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Informe de Emmanuel tras ingresar a la casa: una máquina de hacer chorizos, dos máquinas de hacer chorizos, tres máquinas… Fin de la requisa. Prosigamos. En todos los ambientes hay máquinas infernales.&lt;br /&gt; Nuestro pueblo no sale en el último mapa. Los de la Coca Cola lo descubrieron y hace ya varios años que mandan Skanias. Una vez se dio vuelta uno en la ruta y lo trajeron remolcado en una grúa que tardó en llegar al pueblo el doble que cuando el Skania venía solo. Cuando quiero salir a la capital hablo con los choferes y aceptan llevarme si los ayudo a descargar cajones en los pueblos vecinos. Es como pagarle tasa de embarco a los de la terminal. Entonces veo, no, veía, entonces veía cómo se achicaba mi pueblo y notaba que el frigorífico, visto de lejos, parecía una escuela de chanchos: era como ver un laboratorio de sustancias primeras puestas a engordar, los chanchos tenían su campo de concentración. Después iban a pasar por un método choricero, como si la máquina de hacer chorizos fuera un aparato teórico en cuya anterioridad se habían dispuesto las condiciones de posibilidad para que las sustancias se comporten de acuerdo a los fines del frigorífico. Como los recipientes para bebés del museo botánico o las máquinas de la casa de Hebelén, conservas en masa.&lt;br /&gt; Años más tarde con Emmanuel fuimos a estudiar filosofía a capital y aprendimos que se reflexiona con las tripas. Aunque alcance a ser otro licenciado en filosofía, nunca voy a olvidar que los hilitos de los chorizos fueron mi primer argumento. La gente de capital no sabe cómo se hacen los chorizos, por eso usan metáforas: dan vueltas, me sopló Emmanuel en una clase de lógica. A pesar de esta rapidez con que aprendimos a razonar con el estómago, tuvimos que ir a mesas de recuperatorio tantas veces que parecía que la universidad era un vegetariano al que no le caíamos bien.&lt;br /&gt; Basta ya. Eso decía una profesora del secundario: basta ya. Mis compañeros la asustaban en voz alta durante las clases y ella repetía ¡basta ya, basta ya!&lt;br /&gt; Ahora la voy a presentar a Hebelén. Andábamos todo el tiempo juntos, pero también estaba Emmanuel, no, basta de Emmanuel, basta ya, basta ya, a los amigos se los presenta después que las ex novias. Es Logos, al revés sería un delito culposo agravado por el sistema de vigilancia al que, por no sé qué protocolo chabacano, alguna vez bauticé “mi ex novia”.&lt;br /&gt; Yo la acompañaba por el barrio porque no quería que fuera sola. Era para protegerla de violadores, asesinos seriales y automovilistas degenerados pero, en honor a la transparencia y la seriedad de mi relato, confieso que si nos interceptaba uno de estos delincuentes yo sólo iba a cumplir las funciones de un chaleco antibalas, un tablero de basketball, estaba para compartir el momento. Mi caballerosidad era así: compartir cualquier desgracia que estuviera aguardando a Hebelén. Esto es la solidaridad, ocupar junto a los demás su rol de objeto.&lt;br /&gt; Cuando Hebelén me dijo que cortemos nuestro noviazgo, le sugerí que nos acostemos así nos despedíamos como en las películas de la tele. Ella agregó que yo tenía que dejar de mirar películas pornográficas y yo, haciendo a un lado estas diferencias hoteleras, le toqué el pelo y ella usó el argumento falaz de que la anulación del noviazgo no me convertía en su peluquero. ¿Qué te pasa Hebelén, se te subió la histeriqueína? ¿ah? Volví a insinuar la posibilidad hotelera y me gané 3 nudillos de Hebelén. A continuación, la histeriquita se dio a la fuga. Bueno, “histeriquita”… no, no se lo dije, era una niña y las relaciones de pareja son así, eso yo lo entendía, pasa que ahora me acuerdo y como ya no es una niña podemos discutir como los adultos.&lt;br /&gt; Nacemos como lechones, choripanes en «proyecto»™, dije una mañana que estábamos sentados en la vereda de Hebelén. Al frente mirábamos el frigorífico y los chorizos nos hacían pensar. Nos hipnotizaban. Eran nuestra televisión. No agregué nada más, tenía que parecer concentrado, tenía que conquistarla, me hacía el Sartre. Tenía muchas ideas para seducirla, no eran grandes ideas, yo no era Sartre, pero no podía negar mi ello, y éste largaba una baba y otra baba y a eso Hebelén le decía reflexiones masculinas.&lt;br /&gt; Estábamos en la platea del pueblo, todo lo que ocurría en el frigorífico era clave. Los chanchos eran nuestro destino. Incluso había una tarotista que no creía en las cartas y que consultaba los chanchos. Si tenía que aparecer la figurita de la Muerte, uno de los chanchos que intervenían en la sesión caía muerto. No tiraba las cartas, tiraba chanchos. Si el que había consultado a la tarotista y le salió la Muerte quería más información, tenía que pagar un plus así lo consultaban al veterinario.&lt;br /&gt; La sustancia de los chanchos se usaba para fabricar toda clase de embutidos. Esa era la cadena de producción: venían caravanas de la ciudad a comprar chorizos y se los llevaban como productos empíricos. Porque el capitalismo necesita realidad ontológica, no comercia con duendes. Pero nosotros sabíamos cómo fallecían los productos. Los chanchos primeros que se usaban para justificar el negocio, eran cartas de tarot. Eso ligaba a los hombres: ser ciudadanos productivos, pero los chanchos también eran productivos, así que un día no me sorprendería que vengan a pedirnos la ciudadanía. En mi infancia conocí que a los chorizos hay una gran cantidad de adultos que los manosean, para justificarlos.&lt;br /&gt; Nacemos como lechones, choripanes en «proyecto»™, volví a decir. Después Hebelén dijo que tenía hambre, Emmanuel la miró inmediatamente -para estudiar si el de Hebelén era un sentimiento sacado de mi reflexión-, y cuando Hebelén se dio cuenta de la secuencia asquerosa que se le armó con lo que yo venía diciendo, hizo una cara de espanto y creo que estuvo como una semana evitando mirarme la barriga. Yo era un niño común, comía mucho.&lt;br /&gt;Estábamos pensando estas cosas teóricas. En eso se abrió el portón del frigorífico del frente, entraba un rastrojero a toda marcha con chanchos haciendo coro. Los chanchos cuando están por morirse hacen eso, dijo Emmanuel, se mueren. Están para la muerte. Y encima cantan. Nosotros también, dije yo que hablaba en términos genéricos, o sea de la «humanidad»™, y en verdad nosotros empezábamos a hacerlo, todo: ¿para qué ir a estudiar filosofía si adentro teníamos lo mismo que los chanchos? Vos querés decir que se mueren porque primero “cantan”, ves muchas películas de mafiosos, Emmanuelcito. Se lo dije porque él había acaparado la atención de Hebelén, y bueno, nada, yo también tenía que aparecer. Éste Emmanuel no podía superarme, Hebelén tenía que quedarse con la impresión mía. Emmanuel a veces no era un amigo, era un mamífero trotando a mi lado. Sí, eso es la amistad masculina: un hipódromo.&lt;br /&gt;Hebelén dijo estoy harta de las cosas teóricas –los chanchos cantaban al fondo-, justo cuando uno de los obreros víctimas de la explotación capitalista ataba con una piola la larga tripa que se había llenado con restos de chancho. Emmanuel se paró y pensó un rato más, entretenido en la escena del rastrojero lleno de chanchos. Son chorizos, en teoría, dijo Emmanuel. Y Hebelén lo felicitó por la astucia. Así es, Hebelén se puso contenta con la astucia “de Emmanuel”… ¿yo qué iba a decir? Me puse a vigilar a mis dos contrincantes, a veces la gente es una basura. ¡A mí se me había ocurrido eso, yo había dicho hacía un rato: “nacemos como lechones, choripanes en «proyecto»™”, yo! Me acomodé y ahora la trataba de controlar a Hebelén porque era como que ella lo felicitaba a Emmanuel para burlarse de mí y entonces me preguntó qué te pasa y moví las manos para que ella sola complete la respuesta ¡porque seguro que ya sabía qué me pasaba! ¡Esa teoría es mía, Emmanuel! Emmanuel hacía trampa, era algo de amigos, de mamíferos, no señor, si nuestra amistad era un hipódromo a este animalito había que meterle un antidoping. Aparté mi diplomacia y le grité a estas basuritas: ¿qué estuviste tomando, Emmanuel? ¡Reconocé que esa teoría es mía! Es cierto que no dije “en teoría”, pero todos los elementos encajan, argumentaba mirando a toda mi audiencia. Acá lo importante es la idea de potencia: choripanes-que-no-llegaron-al-acto, Emmanuel, ¡basta ya Emmanuel! Era una reflexión mía, te fuiste a la bosta. Siempre hay cositas teóricas entre nosotros, Emmanuel, basta ya. ¿Y, Hebelén? ¿no ves cómo me pone?&lt;br /&gt; Pero no quiero que caigamos en una crisis nerviosa grupal, ustedes tienen que saber que no les guardo rencor, no tienen que sentirse culpables, no los voy a cargar con mis problemitas, ¡voy a tranquilizarme Emmanuel!… ahora que encuentre el frasquito, la pastillita la tenía que tomar a las siete. ¿Vos no sabrás Emmanuel a dónde me lo dejé, ah? ¿vos que sabés tantas cosas? ¡A dónde me lo dejé en teoría al frasquito Emmanuel!&lt;br /&gt; A lo que voy, Emmanuel, Hebelén, es que “en teoría”, “en potencia” y “en proyecto” están vinculadas a lo que yo llamo: ¡mis innovaciones léxicas! ¡no las tuyas Emmanuel! ¡vos hacete las tuyas hijo de puta!&lt;br /&gt; Emmanuel se miró con Hebelén y me dijo que entonces lo había dicho yo. ¿“Entonces”? ¿“entonces” qué, basurita?, le grité fastidiado porque si unos años más tarde Emmanuel hubiera estudiado psicología en vez de filosofía, habría sido un gran torturador, o un veterinario, uno de esos veterinarios que los estafan en los hipódromos para que los droguen a los caballos. Me voy a comprar uno, me voy a comprar un caballito bien pedorro ¡y le pongo Emmanuel de nombreajajaja!&lt;br /&gt; ¿Entendiste Emmanuel? ¿?&lt;br /&gt;                                               &lt;blockquote&gt;¿Emmanuel?&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7973613379999870148-3512284592959428857?l=textosdemanotazo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/feeds/3512284592959428857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7973613379999870148&amp;postID=3512284592959428857' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/3512284592959428857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/3512284592959428857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/2008/10/la-chancha.html' title='LA CHANCHA Y LA MÁQUINA DE HACER CHORIZOS'/><author><name>RAEL (Mario De los Santos)</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_eQ6XFDfSynY/S0ydhX90IoI/AAAAAAAAAyc/DOucbjOoSMM/S220/yo-dibu.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7973613379999870148.post-7486761162656968011</id><published>2008-09-16T12:47:00.000-07:00</published><updated>2008-10-09T10:54:31.776-07:00</updated><title type='text'>REALIDADES QUÍMICAS</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La Enfermerita&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ha cruzado la calle al revés, el Señor”, le dice la enfermerita. Sergio levanta la vista, la investiga, confundido, pasivo. No puede creer que esté adentro de un hospital, tiene la llave de su casa en la mano, y ésta todavía conserva la acción de acercarse a lo que pensó que iba a ser el picaporte de su puerta de entrada, la misma de siempre, piensa, como es lógico. “Ha cruzado la calle al revés, el Señor”, repite la enfermerita, él siente que no coincide con el hospital, que ella tiene razón, principalmente por la naturalidad con que la enfermerita está puesta en la realidad, en su hábitat hospitalario, no como un espectáculo, una realidad ficticia con que se quisiera marear a Sergio, sino que ella es la normalidad, Sergio no, Sergio cruzó al revés, tiene mal la dirección hidráulica, el piloto automático.&lt;br /&gt;Hay un sentido instrumental que subyace a las conductas de Sergio, como todo ser humano que intenta hacer algo común, y que lleva a cabo esta práctica mundial con naturalidad psicológica. Pero la enfermerita explica otra cosa, en una forma comprensible de la metafísica: que la finalidad de Sergio es estar-al-revés. O esto es lo que Sergio siente que escucha: una indicación geográfica que, en el fondo, esconde un reproche ontológico: está separado de los reales, el Señor. ¿Y por qué no revelarse contra la realidad de la enfermerita, no dejarla ser? Para Sergio tenía que ser verdad que él había cruzado mal, porque había una forma de lo normal en el modo como ella se lo decía, que Sergio, por el contrario, no podía reconocer en sí mismo. Parecía que ella anduviera atada al frente de Sergio con naturalidad metafísica . Y por eso ella trataba el asunto de Sergio con extrañeza, porque de un lado de la facticidad estaba la enfermerita, como es natural, del otro estaba el instinto de verosimilitud de Sergio, que había sufrido un quiebre, como si la normalidad de él fuera una anomalía lógica, la existencia de Sergio estaba en hipótesis, no se comprobaba del todo, al menos en la forma en que la planteaba él.&lt;br /&gt;Se deja convencer por la enfermerita, ni siquiera duda a dónde echar el ancla de su sentimiento de lo real, si en la realidad que le explica la enfermerita o en la realidad hacia la que él se dirigía, ocupado en sus normales direccionamientos. No va a volver a confiar en su sentimiento técnico, la realidad es algo que tiene sentido instrumental y que no tiene que ver con el suyo, no se adecuan, Sergio siente, ahora, que es algo que vino a la realidad digitalizado para programa solipsista, invertido, sin garantías naturales, y que en la base de su burbuja de lo objetivo hay una plataforma giratoria de la que es víctima, como el muñequito más importante de una vidriera maquinizada con fines que trascienden las funciones del juguete.&lt;br /&gt;De ahora en adelante, todo lo que sea natural para él, por regla general, no va a ser tomado en cuenta, por más que el sentimiento de verosimilitud con que se instale en la mente sea como un software irresistible, probablemente sea hasta saludable seguir cruzando la calle al revés, para encontrarse con la enfermerita, así ella le explica a dónde está la realidad, le hace falta un mapa, alguien que le indique los sentidos, una terapia: que la enfermerita siga apareciendo ahí donde él hace las cosas normales al revés, para hacerlo entrar con métodos médicos a los lugares familiares hacia los que se dirige. Piensa que toda su vida será una cruzada hacia espacios que se le dan vuelta, como si fuera él lo que se mareara cada vez que trata de conducirse por la realidad, y que es imprescindible contratar enfermeritas, para que lo vigilen, así no sufre otra vuelta. Y si ellas no siguen apareciendo, entonces él va a seguir rebotando inconscientemente de un sitio a otro, como un deporte religioso entre lo ontológico en-sí y la ilusión de esto.&lt;br /&gt;Una cuadra antes de llegar a su casa trabajaba en su principio de realidad, pensaba que lo anterior había sido una fantasía, probablemente la visión de la enfermerita era algo que le despertaba traumas que él sólo podía reconocer por las consecuencias metafísicas que acarreaban en su instinto geográfico, como un cetáceo que no supiera administrar su sistema de ecolocalización. Avanzaba imaginando que no era él lo que estuviera desenganchado de las plataformas reales sino que, en realidad, algo sobrenatural le mezclaba la realidad, haciéndola rotar 180° como a una maqueta giratoria, con intenciones malignas. La enfermerita era lo artificial, pensaba Sergio. Sergio se imaginaba como un muñequito suspendido de la realidad, autosuficiente, no adherido a la maqueta giratoria del jugueteo trascendente que la enfermerita practicaba con él, y que no debía dejarse conquistar por las normalidades médicas desde las que ella le hablaba, clavada en su realidad, en la de Sergio, como si ella fuera una espía endopsíquica que se metiera en los programas trascendentales de Sergio, monopolizando la aplicación de naturalidad psicológica, y esto era lo que confundía, que a ella no le pareciera extraño estar metida en la realidad de Sergio, sino que lo que había que analizar era el sentido de Sergio, su aspiración a hacer las cosas al revés.&lt;br /&gt;Pero una vez que metía la llave en la otra realidad, a pesar de hacerlo con la voluntad típica de a quien no le sucedieran cosas extrañas, la enfermerita volvía a aparecer, pedagógica, metafísica. La verosimilitud de Sergio se formateaba, sentía que andaba adentro de un programa distinto, hasta que, finalmente, se completaba la transformación: su principio de realidad, vencido, le hacía sentir que la enfermerita era necesaria, porque la realidad de él era un programa, otro artefacto. Y había como un tono de reproche naturalista en la forma como la enfermerita volvía a decir lo de siempre, como si Sergio fuera un niño obsesionado con su videojuego de mente, había que regresarlo a este mundo.&lt;br /&gt;Ya no le interesaba el control de la realidad. “Ha cruzado la calle al revés, el Señor”, memorizaba, se perdía, imaginaba que su propia arquitectura psíquica era una gran plataforma giratoria en cuya base hubiera en miniatura enfermeritas atornilladas, de hierro, medicinas mentales, maquinitas, que garantizaban las funciones epistemológicas de Sergio, para que anduviera orientado correctamente por la realidad, aunque no tuviera en-sí, trascendentalmente, la facultad de adecuarse a lo objetivo. Enfermeritas mentales, como técnicas de la razón, arreglaban los sentidos finales de Sergio, para que no metiera la llave en realidades opuestas.&lt;br /&gt;No se le encendía ya el deseo de dominar un control remoto naturalista, tener el poder de elegir lo normal, como programas sucesivos que se pudieran cambiar adentro del monitor de la realidad. ¿Por qué no se le ocurría interrogar a la enfermerita? “¿Qué hiciste con mi realidad?”, podría haber dicho, atribuirle a algo que no fuera él la responsabilidad en la rotación de lo real. En cambio, aceptó que era una equivocación personal, no una arbitrariedad, un jugueteo médico.&lt;br /&gt;Ella detenta la realidad, sabe qué es, y qué no. Cada vez que Sergio cruza veredas mira hacia todas partes, desorientado, a veces camina mirando hacia abajo, ensimismado, solo, como si esta falta de atención a lo que tiene al frente fuera la condición de posibilidad para que la enfermerita se le aparezca.&lt;br /&gt;No es que ella sea el cien por ciento de realidad de él, pero no puede sustraerse al sentimiento de jerarquía ontológica, ella parece auténtica. Una vez la enfermerita se extendió en asuntos personales, dijo que ya iba sintiendo estima por él, que probablemente se iban a enamorar, y a Sergio le dio apuro con lástima no haberse dado cuenta antes de todo lo que se le decía, y cuando hizo un gesto afirmativo como un esclavo tecnicista, miedo a las consecuencias, pensó que tampoco estaba siendo auténtico, y que la forma en que lo había dicho no coincidía con la forma en que se imaginó a sí mismo, un instante previo , diciéndoselo a su reproducción mental de la enfermerita, que el sonido de la respuesta era inverosímil en comparación con la melodía psicológica en que a él se le ocurrió, tal vez había sometido la frase a demasiados estudios previos, antes de largarla a la realidad, y por eso ahora la frase no coincidía con él, ella daba vuelta el rostro, suspendida en el interior del hospital, como si fuera un hada que hiciera su aparición acompañada de su círculo natural, y se suspendía con indiferencia, con lo cual él advertía, a juzgar por el modo como ella mostraba los síntomas de no estar creyéndole, que él no había sido sincero, y que la estaba engañando, a ella, que era la realidad.&lt;br /&gt;   “No sé si se acuerda de mí, yo cruzo la calle al revés”, dijo Sergio, caminando hacia atrás, una vez que quería cruzar hacia el hospital para conversar con la enfermerita. Pensaba que para ir hacia donde quería llegar tenía que tomar el sentido opuesto al que se le ocurriera. Así que, para cruzar bien, en realidad, tenía que ir hacia atrás. Además, ensayaba lo que fuera a decirle una vez que entraran en relación. Cuando llegó al hospital, al no ir caminando como es lógico, no vio a la enfermera que cruzaba la escalinata y la chocó, de espaldas. “¿Es usted, enfermerita?”, preguntó Sergio, sin darse vuelta, todavía, no fuera a ser cosa que si lo hacía le apareciera al frente su hogar, como es lógico. “No nos conocemos”, escuchó. Y mientras la enfermera juntaba sus cosas del piso, le preguntó: “¿por qué camina así, al revés? ¿no ve que las demás personas caminan para adelante, como es lógico?”. A Sergio le molestó que ella sugiriera que en la relación de ellos hubiera que tener en cuenta a los demás, como si la otredad fuera una tabla de elementos químicos a partir de la que calcular los componentes ocultos de Sergio, lleno de miniaturas biológicas, responsables de su funcionamiento metafísico malo. “La estaba buscando”, dijo con sencillez epistemológica, exploratoria. “Ya le dije que no lo conozco, dese la vuelta así le tomo los datos”, repuso con severidad la enfermera, clavada encima de la escalinata del hospital. Sergio sintió que se lo trataba como a un aparato forzado a mostrar su patente real. Entonces la enfermera empezó a llamar a la seguridad, cuando Sergio salió corriendo para adelante, como es lógico.&lt;br /&gt;Mientras iba sacando la llave para meterla en el picaporte de su casa y esconderse de la seguridad del hospital, sintió la voz de la enfermerita, como es lógico: “Ha cruzado la calle al revés, el Señor”. Sergio se detuvo, cansado de la velocidad con que había cruzado, y alzó la mano a la enfermerita, cordial, respetuoso, como si esta vez ella fuera sólo algo secundario en lo de él, y que se tomara el tiempo mínimo, en que cabe alguna elegancia, para armar un saludo. Rápidamente, comenzó a girar 180° para ver si lo perseguían los de la seguridad, pero la enfermerita lo agarró del hombro, con cariño pedagógico, y le dijo que no debía hacerlo, que fijara la vista en ella, hacia delante, lo de atrás era otra cosa, nada, y él sintió que ella lo apoyaba en su escote médico para ayudarlo a acceder a las partes ocultas del realismo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7973613379999870148-7486761162656968011?l=textosdemanotazo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/feeds/7486761162656968011/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7973613379999870148&amp;postID=7486761162656968011' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/7486761162656968011'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/7486761162656968011'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/2008/09/realidades-qumicas.html' title='REALIDADES QUÍMICAS'/><author><name>RAEL (Mario De los Santos)</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_eQ6XFDfSynY/S0ydhX90IoI/AAAAAAAAAyc/DOucbjOoSMM/S220/yo-dibu.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7973613379999870148.post-80093853556852139</id><published>2008-09-16T12:43:00.000-07:00</published><updated>2008-09-16T12:45:40.022-07:00</updated><title type='text'>TURISMO QUIRÚRGICO</title><content type='html'>Estábamos en una reunión para despedir a Juan que se iba de viaje, aunque todavía no nos había dicho los motivos reales del mismo. Durante la velada se notó que Juan no especificaba las causas, ocultándolas con su discursito acerca de las materias para cursar que le ofrecía la beca. Felizmente, Pablo asistió a la velada, y le agradezco haber llevado un documento al cual voy a referirme y cuyo meticuloso análisis refuta la pretendida ingenuidad con que Juan se fue de viaje.&lt;br /&gt;Pablo llevó un artículo que sacó de internet sobre turismo quirúrgico, y agregaba mientras yo lo iba leyendo que teníamos que dejar de escribir, que los médicos nos habían superado. En realidad Pablo dijo que la realidad nos había superado, yo agregaría que sostener una hoja A4 impresa con la página virtual de un diario en referencia al marketing turístico-quirúrgico es, en realidad, sujetar las causas de Juan.&lt;br /&gt;El artículo explicaba la decadencia del turismo nacional y que para revertir esto, un grupo de personas –sin que la nota especifique si eran del ministerio de medicina, el de turismo o el de economía new age- resolvió promocionar en el resto del mundo el turismo a nuestro país con combos de paseo por zonas de interés e intervenciones de cirugía plástica.&lt;br /&gt;Juan –el que se iba de viaje- no se expedía al respecto. Pablo y yo, que nos dimos cuenta del sospechoso silencio, le preguntamos sobre su tour. Dijimos “tour” acentuando la continuidad entre la idea anterior acerca de los combos turístico-medicinales  y la pregunta sobre el motivo de su viaje, prestando especial atención mientras decíamos “tour” a la prominencia estética superior de la nariz de Juan. Ana, la novia del que se iba de viaje, miraba hacia otro lado, mientras nosotros íbamos diciendo “tour”, a la vez que investigábamos el efecto persecutorio que este ejercicio lingüístico pudiera ocasionar en el viajante y su novia, pero ella, a diferencia de Juan, parecía no tener la energía ética suficiente para tolerar la prolongación temporal de la palabra “tour” unida al modo como Pablo y yo observábamos la nariz de Juan, pensando en los motivos ocultos de su viaje, pero Juan dijo que no hiciéramos deducciones inteligentes sobre el viaje de él, y que termináramos de leer la nota, dando cierre de una vez a la extensión bucal con que todavía estábamos estirando el final de la pronunciación “tour”, como una golosina que saboreábamos de la punta.&lt;br /&gt;Yo le hice una seña a Pablo y él me hizo lo simétrico, como si nuestras bocas fueran instrumentos de orquesta a los que nosotros nos preparáramos a dejar de ejecutar, en atención a la indicación de nuestro director mutuo de que finalizáramos la opereta que le estábamos dando a todos. Dimos cierre a la pronunciación extendida de la palabra “tour”, sabiendo, sin embargo, que el final de nuestra obra no sería aplaudido.&lt;br /&gt;Yo dije que una vez, charlando con el Cri, llegamos a la conclusión empírica de que la elegancia estética de los escotes tiene que ver con que uno hace reposar la visión en el medio de los mismos, en el vértice que se forma entre las partes comprometidas, y que si más arriba de estas había una gran nariz, eso hacía más agradable la sensación de reposo, como si uno supiera que tiene, por las dudas, de dónde agarrarse. Durante la velada lo cité al Cri porque quería hacer notar que a veces las protuberancias corporales es donde se guarda la personalidad, y que cuando veo una mujer que se transforma la nariz a mí me parece que se le rompió la personalidad.&lt;br /&gt;El Cri, en el testimonio titulado “Modas” (Revista ¿Qué pretende usted de mí…?. Córdoba: año III, n° 5. 2007), con motivo de su extrañamiento frente a la cirugía plástica aplicada al campo experimental de los escotes, alerta a los masculinos usuarios acerca de su incorrecto comportamiento, expidiéndose al respecto de un modo enmascarado, cito: “mientras más se miran unas tetas, más grandes se hacen”, fin de la cita, y pasa a demostrar los efectos persecutorios que el crecimiento de las partes ocasionaría en su observador. Quisiera alertar que si bien el análisis del autor está fundado en las rigurosas exploraciones empíricas de que su testimonio da cuenta, oculta el uso turístico de la cirugía plástica, en razón de que el autor ha sido intervenido por la empresa de que me enteré gracias al documento que llevó Pablo. Arriesgo la tesis de que el autor es cómplice o paciente posible de Turismo Quirúrgico, porque su testimonio se orienta a influir en la opinión pública con la finalidad perniciosa de causar espanto en los miradores de tetas, cito: “lo peligroso de los implantes de siliconas es que revienten, pero revienten por sobredosis de miradas”, y más adelante: “me asusta mirar demasiado (…) porque puedo terminar cubierto de vaya uno a saber qué tipo de sustancia gelatinosa”, fin de las citas. Como se ve, lo lógica del relato nos llevaría a pensar que el problema está en el mirador y su práctica voyeurística, no en el objetivo plástico.&lt;br /&gt;Mis tesis se confirmaron cuando en la velada antes mencionada, me enteré que el Cri se iría de viaje a visitar a Juan, con lo cual se producirá el sospechoso encuentro de dos importantes narices, que se habrían ido de –como diríamos con Pablo:- “tour” .&lt;br /&gt;Ahora quiero denunciar que la revista dejó de salir y que sus miembros iniciaron una nueva, según ellos porque cambiaban el “proyecto”, pero siendo que quien me enteró de esto fue Juan, en su viaje de regreso de Brasil, sospeché que había algo por detrás. Ahí me di cuenta que esto se debió al pornográfico testimonio que el Cri enmascaró bajo el ingenuo título “Modas”, que en principio atraería a cierto sector adiestrado en la lectura de revistas frívolas, para luego caer en el horror de la lectura de semejantes digresiones en torno a las tetas. Mi teoría es que esto motivó la ruina de la revista, y ahora, en el siguiente número que, casualmente, muy casualmente, lleva otro nombre, Juan me explicó que no sabe cómo hacer para justificar la negativa del Comité Editorial a publicar otro de los textos del mencionado autor.&lt;br /&gt;Anoche íbamos en auto y el Cri, al mando del volante, dio un eficaz volanteo para entrar en la avenida San Juan, como si el empeño que ponía en manejar con pericia fuera para atenuar el efecto de lo que estaba por comunicar, y cuando terminó de sonar el bocinazo del colectivero para el que no fue tan eficaz el volanteo del pornográfico autor en quien yo delegaba la autoridad del auto, él dijo –en una forma sospechosa de la ingenuidad conversadora-, cito: “ahora se están poniendo de moda los culos”, fin de la cita, y a mí me pareció que estaba sugiriendo que esta vez iba a escribir sobre eso, y que de esta sugerencia yo lo debía enterar a Juan, para que sepa que el autor irá a la redacción de su revista en los próximos días con otro texto que, si mis cálculos son correctos, perjudicará la periodicidad del nuevo proyecto. Y si me veo obligado a conspirar contra el responsable de “Modas” es porque sus calculados boicots literarios afectarían, de ser exitosos, la existencia del único Comité Editorial que ha querido admitir mis textos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7973613379999870148-80093853556852139?l=textosdemanotazo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/feeds/80093853556852139/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7973613379999870148&amp;postID=80093853556852139' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/80093853556852139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/80093853556852139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/2008/09/turismo-quirrgico.html' title='TURISMO QUIRÚRGICO'/><author><name>RAEL (Mario De los Santos)</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_eQ6XFDfSynY/S0ydhX90IoI/AAAAAAAAAyc/DOucbjOoSMM/S220/yo-dibu.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7973613379999870148.post-895544674608095945</id><published>2008-09-16T10:35:00.000-07:00</published><updated>2008-10-09T10:55:09.460-07:00</updated><title type='text'>MUÑECA VOLVÉ A TU PAQUETE</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;...&lt;br /&gt;¿Te querés pelear?:&lt;br /&gt;tengo una hipótesis: le estamos dando cuerda&lt;br /&gt;a los paquetitos&lt;br /&gt;como si fueran entes&lt;br /&gt;que nos alojan, robots&lt;br /&gt;cerebritos.&lt;br /&gt;Es más fácil&lt;br /&gt;protegerse: hacerle&lt;br /&gt;zoom a los estados anímicos.&lt;br /&gt;Sin embargo a mí también se me prenden.&lt;br /&gt;Ahora tengo ganas de inventar&lt;br /&gt;passwords, truquitos,&lt;br /&gt;saltear estos niveles, ganar&lt;br /&gt;el jueguito.&lt;br /&gt;Voy a hundirme en cuadros mentales, permiso.&lt;br /&gt;Te dejo charlando&lt;br /&gt;con unos amigos, los malabaristas, los muñequitos.&lt;br /&gt;Le doy cuerda al molino y fabrico&lt;br /&gt;tripas de pensamiento, los circuitos.&lt;br /&gt;¡Estoy llorando&lt;br /&gt;haciendo maniobras con las cuerdas vocales&lt;br /&gt;ejercitando&lt;br /&gt;los trapecistas de mi alfabeto!&lt;br /&gt;Por ahora cierro los conductos verbales&lt;br /&gt;parece que estoy lleno de caracoles&lt;br /&gt;monstruosos.&lt;br /&gt;Pienso que si me esfuerzo en pensarlo voy a saber cómo llamarte.&lt;br /&gt;Trago saliva como en una fábrica&lt;br /&gt;automotriz alguien le echa clavos&lt;br /&gt;a un balde.&lt;br /&gt;No vas a volver, ya sé.&lt;br /&gt;Tractores, muñecas.&lt;br /&gt;Ensayo destrezas para darle&lt;br /&gt;animación al personaje con que te llamaría,&lt;br /&gt;como si fueras el público más importante&lt;br /&gt;de un circo ya programado.&lt;br /&gt;Es mentira eso de que sé que no vas a volver.&lt;br /&gt;Se me ocurren cosas como publicidades que un empresario&lt;br /&gt;no estuviera de acuerdo en sacar a la vía pública.&lt;br /&gt;No sé si soy muy ser humano, el zoom&lt;br /&gt;se me descontrola, pero ella&lt;br /&gt;¡ella tampoco es muy realista! ¡Tropas&lt;br /&gt;Lógicas,&lt;br /&gt;a mí!: Cajitas&lt;br /&gt;de cerebro, Pasteles&lt;br /&gt;de sufrimiento, Molinos&lt;br /&gt;de lágrimas, Muñequitos.&lt;br /&gt;La orden es que la traigan de nuevo&lt;br /&gt;yo espero con el&lt;br /&gt;paquete, y la metemos ¡cajitas,&lt;br /&gt;cajitas!.&lt;br /&gt;Te sujeto con incertidumbres, malabares&lt;br /&gt;de culpa&lt;br /&gt;que son los mecanismos ocultos de este modelo avanzado&lt;br /&gt;de tu paquete.&lt;br /&gt;Si te llamo aprieto el teléfono&lt;br /&gt;como un pianista que se llenara de pánico escénico.&lt;br /&gt;Me cuesta hablarte, siento&lt;br /&gt;que pateo una hoja,&lt;br /&gt;que tu garganta debe estar fabricando clavos&lt;br /&gt;de tus angustias, pastelitos.&lt;br /&gt;El momento en que estoy por hablarte es como un programa&lt;br /&gt;que no pudiera procesar archivos, datos guardados, palabritas.&lt;br /&gt;Yo lo que pasa que es como que me desestabilizo ¿se entiende?&lt;br /&gt;Si no se entiende te explico otra cosa por ejemplo&lt;br /&gt;que antes era más lindo teníamos una vida distinta yo apretaba&lt;br /&gt;el control remoto y vos aparecías moviéndote sobre las rueditas&lt;br /&gt;¿a dónde fue a parar todo eso? En verdad&lt;br /&gt;te quería.&lt;br /&gt;Estábamos como inalámbricos, nos respondíamos.&lt;br /&gt;Ahora me mandás mensajitos de texto&lt;br /&gt;con información que ya no tiene nada que ver conmigo.&lt;br /&gt;Me gustaría contestarte, pero estoy&lt;br /&gt;retrasado, echo&lt;br /&gt;zapping psíquicos&lt;br /&gt;a lo sumo intento hacerte señales&lt;br /&gt;de humo ¿qué,&lt;br /&gt;no te llegó mi idea&lt;br /&gt;de que estoy sufriendo?&lt;br /&gt;Pero lo que se me ocurre, muñeca&lt;br /&gt;¡cómo desprograma lo que se me ocurre!.&lt;br /&gt;Estamos como roncos y líquidos.&lt;br /&gt;Por favor no cuelgues, paquetito.&lt;br /&gt;Me decís que voy a estar bien,&lt;br /&gt;parece que fueras un aparato&lt;br /&gt;inteligente adelantando futuro, mezclando clientes,&lt;br /&gt;como cuando yo salteaba tu estado de ánimo&lt;br /&gt;en el wok de mis idioteces. Muñequita&lt;br /&gt;volvé a tu paquete.&lt;br /&gt;Me decís que no sabés qué decirme.&lt;br /&gt;Creo que usás dos programas distintos,&lt;br /&gt;como una diseñadora gráfica que de acuerdo al tipo de imagen&lt;br /&gt;la pusiera en el programa más adecuado.&lt;br /&gt;Los malabaristas se arrojan&lt;br /&gt;las tripas, los circuitos. Lloran&lt;br /&gt;payasos.&lt;br /&gt;Sé que no sabés lo que siento.&lt;br /&gt;La conversación a esta altura ya es como la propaganda&lt;br /&gt;de un stock que se me está&lt;br /&gt;terminando.&lt;br /&gt;La mejor manera de escribir esto&lt;br /&gt;sin que doliera tanto&lt;br /&gt;sería explicar los pasos que hubiera que seguir&lt;br /&gt;como si este videojuego se pudiera apagar,&lt;br /&gt;como si los seres humanos fuéramos tan mecánicos,&lt;br /&gt;impersonales, maquinescos,&lt;br /&gt;resetear programas, los tuyos,&lt;br /&gt;los míos, empezar&lt;br /&gt;de nuevo,&lt;br /&gt;que cuando aparecieran en la pantalla los modelos para jugar&lt;br /&gt;nos eligiéramos, arriesgados, otra vez, seguros,&lt;br /&gt;no sin dejar de calcular lo que quisiéramos repetir&lt;br /&gt;con lo que supiéramos que fuera a ocurrirnos.&lt;br /&gt;Me explicás que tenés la certeza de que yo sí te quiero. ¿Y por qué&lt;br /&gt;tuvimos que despedirnos&lt;br /&gt;por teléfono&lt;br /&gt;como si lo nuestro fuera algo que también se pudiera solucionar&lt;br /&gt;de paso, colgar&lt;br /&gt;señales, game over, mensajitos,&lt;br /&gt;como en una página de internet que nos permitiera no vernos&lt;br /&gt;intercambiar sólo códigos&lt;br /&gt;cibernéticos?&lt;br /&gt;Perdón pero una cosa era jugar a que fueras como una muñeca maquinizada&lt;br /&gt;otra es esto de que realmente seas un ridículo nickname&lt;br /&gt;apoyado encima de la hoja virtual en que se unen nuestros teclados.&lt;br /&gt;Se me encienden uno por uno&lt;br /&gt;los circuitos del sufrimiento, clic “zoom”&lt;br /&gt;y me pongo triste, se aumentan los ideales&lt;br /&gt;escotes a cuerda,&lt;br /&gt;maquinitas&lt;br /&gt;románticas.&lt;br /&gt;Sondeo las miniaturas&lt;br /&gt;de mi cerebro.&lt;br /&gt;Mis sentimientos son como personajes adentro&lt;br /&gt;de un ciberespacio: no reconozco la diferencia&lt;br /&gt;entre nosotros y nuestros seres virtuales&lt;br /&gt;como si este jueguito&lt;br /&gt;no estuviera sólo adentro de mi computadora.&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7973613379999870148-895544674608095945?l=textosdemanotazo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/feeds/895544674608095945/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7973613379999870148&amp;postID=895544674608095945' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/895544674608095945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7973613379999870148/posts/default/895544674608095945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://textosdemanotazo.blogspot.com/2008/09/mueca-volv-tu-paquete.html' title='MUÑECA VOLVÉ A TU PAQUETE'/><author><name>RAEL (Mario De los Santos)</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_eQ6XFDfSynY/S0ydhX90IoI/AAAAAAAAAyc/DOucbjOoSMM/S220/yo-dibu.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
